Sobre lesiones

2 Nov

Son 42 años de deporte.
Sí. Los que tengo. Nací corriendo… Ja, ja!. Sin saber andar, me llevaban en el taca taca al INEF de Madrid…
Y estos 42 años llenos de kilómetros, van traduciéndose en un cuerpo trabajado, para lo bueno, y para lo menos bueno (las lesiones consecuencia de desgastes).
Años y años… Experiencias diarias, formaciones universitarias, vivencias diarias en mi propio cuerpo como deportista y en cuerpos ajenos, como entrenadora, te hacen ir conociendo muchas cosas que van sucediendo en esta maquinaria…
Hace una semana vi entrar en la piscina a una chica con un vendaje en la rodilla.
Me gusta observar… Y en los pocos pasos que anduvo imagine su historia… Era una chica de 40 años aproximadamente, con cuerpo fuerte y andares robustos…
Imaginé su lesión mientras observaba como avanzaba, sus movimientos, sus “trucos” para no apoyarse como sabe que no puede… Es curioso!
Le observe gestos tan sencillos como quitarse las chanclas de la piscina: primero el pie de la pierna operada, dejando caer de cualquier manera la chancla, para luego buscar apoyo de una mano en cualquier sitio y poder apoyar algo de peso en esa pierna y levantar el otro pie para dejar caer la otra…
Me gustaba observarla. Anticipándome mentalmente a sus movimientos.
Me acerque a hablar con ella, comprobando que mi imaginación había acertado: ligamento cruzado anterior.
Había sido en un partido de rugby.
Hable con ella, compartiendo sensaciones…
Yo tuve esa lesión en mi época de básquet.
Es típica de deportes en los que haces giros y fintas. La rodilla bloquea y no acompaña el movimiento del cuerpo que gira, resultando en roturas de ligamentos y pellizcos de menisco.
Pero mas allá de un ligamento, hable con ella un poco del proceso post cirugía.
En como lo vivimos los deportistas.
Unos 10 días de reposo inevitable y empiezas a buscar deportes y formas de actividad alternativas.
Empiezan a desaparecer los dolores fuertes fruto de abrir un cuerpo y manipular ahí dentro… Ya sean injertos, limar huesos, poner placas, inserciones…
Es doloroso. Se produce inflamación y los tejidos están muy doloridos.
Pero eso va pasando, y enseguida la mente del deportista busca como moverse…lo que sea!
Y pasan semanas de lenta progresión, en las que psicológicamente te conformas con mínimos detalles que te hacen sentir lejanamente lo que eras…

Hace 4 años me opere del aquiles izquierdo.
Mis kilómetros y kilómetros en las piernas no han perdonado.

No ha quedado al 100%, pero me permite correr.
Ahora le toca al derecho.
Duele más de lo que dolía el izquierdo.
Tiene lo mismo que el otro… Hallux y un montón de cosas que derivan en un fuerte problema en la inserción del aquiles en el calcáneo.
Llevo así desde que empecé a correr después de la operación del izquierdo…
Y cada vez va a peor, como es lógico.
Me temo que tocara operar, cuando mi vida personal me lo permita.

Esta tarde he ido de nuevo a consulta de traumatología a consultar el tema.

Para mi alegría, he topado con un experto cirujano de aquiles… Y hemos estado conversando sobre el tema…
Muy buena conversación. Vuelvo al componente psicológico, mas allá de la lesión que yo tenga…
Es muy bonito conectar con alguien que nada mas verme entrar por la puerta, te dice que eres “deportista” y que, sabe de lo que le hablas.
Que te comenta que le gusta tratar a pacientes así, porque responden a todo bien.
Donde coincides hablando de tus síntomas y en diagnóstico…
Y que, tras un rato ” me echa” porque nos liamos a hablar y a hablar de lesiones desde mil puntos de vista, y no acierta a concentrarse para mandarme la reso y rx…
Volveremos a vernos y ver qué pasa.
“Hasta luego Ruth. Me has caído bien, vete ya, anda!”

Ja, ja!

Qué buena conversación y que bien salgo de la consulta, pese a saber que, cuando yo decida, volveré al quirófano y a esas semanas de inactividad…
Pero me encanta correr. Y quiero seguir haciéndolo.

Correr duele. Pero duele mas no correr.

Seguiré inconscientemente observando comportamientos del cuerpo humano de mi entorno.
Y mientras… Vivo la recuperación de una clavícula rota, en una fase en la que, poder salir en bici y nadar con un solo brazo, es lo más cercano a la felicidad.

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